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DE LA MUDANZA A CANILLEJAS

XXXVII EDICIÓN 2016 / HISTORIA
Viernes, 23 de septiembre de 2016
Fuente: Antonio Serrano

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Tengo supremos recuerdos de  Canillejas. Una carrera que representaba una vida en sí misma. Una oportunidad de prestigio casi al lado de tu casa. Un barrio que era como los que yo estaba acostumbrado a vivir y una carrera  a la que, sin embargo, yo nunca llegaba en forma. No era la época el mes de noviembre, para mí. Aun así, siempre tuve buen rendimiento, en especial aquel año en el que fui segundo, tras el keniata Ezequiel Bitok, lo que demuestra que no sólo es el estado de forma. También la motivación, la capacidad de saber exprimirse a uno mismo, porque, incluso, aquel mismo año tengo una anécdota más que, en principio, me descartaba totalmente para la victoria. La semana anterior a esa carrera había estado de mudanza en Toledo terminando a las tantas, cargando muebles, cajas, cientos de horas de pie, en definitiva. Tenía derecho a estar cansado.

Con esto lo que pretendo contarles es que uno nunca ha de darse por vencido. En cada uno de nosotros habita algo extraordinario, capaz de explicar, quizá, otra anécdota que me ocurrió en los siguientes años en la propia carrera de Canillejas. Íbamos José Luis González, Rodrigo Gavela y yo. Enfilábamos los últimos kilómetros y se me le ocurrió preguntarle a Gavela qué tal iba, porque yo, además de su compañero, ya era su entrenador. “Voy a 190 pulsaciones”, me contestó, “pero si quieres puedo tirar más”. Tuve entonces que rebatirle que no y que aflojase la marcha, porque muchas veces la fatiga del corazón nos manda señales que debemos saber interpretar.  Aquella vez pudo ser una de ellas.

Después, volví muchos más años a Canillejas, incluso como atleta popular representando a ‘Clínicas Menorca’ aquel año que ganó Higuero, porque la organización equivocó sin querer el itinerario del grupo de africanos.  De repente, subiendo Arcentales, vi como esa legión de ‘negritos’ se acercaba a mí y me rebasaba sin pedir perdón. No podía dar crédito y luego me expliqué por qué.  También podría recordar aquel año que iba a hacer de liebre de Diana Martín y en el kilómetro 8 Loli Checa se puso a nuestra altura y me invitó a ayudarla a remontar hasta una meritoria tercera plaza en el parque de Canillejas. Una meta que siempre hace ilusión, porque allí se respira historia y, sin querer, a uno no sólo le vienen a la cabeza miles de anécdotas. También nombres como los de los hermanos Castro, Antonio Silio, Osoro Ondoro…, en fin, qué les voy a contar a ustedes o al gran José Cano… 

Por Antonio Serrano (@aserrano1965)